A la vuelta de la esquina,
me encontré con tus vaticinios,
desesperados por ser escuchados,
me senté a tu lado y escuché tu mensaje.
Doce de la noche de una noche que dijiste, no sería la misma,
me prometiste contar todo, y así lo hiciste.
Fui incrédula a tus melancolicas palabras,
y no divisé aquel rojo auto,
que a paso agigantado se acercaba,
a mis espaldas, silencioso.
Tus ojos se desorbitaron,
mi cara se desvaneció,
y en un golpe que pareció durar un segundo,
me vi en el suelo, aplastada,
y me arrepentí, en un segundo,
de no haber creido lo que dijiste,
sería mi final, mi atropello.
rebalsado
Hace 8 años
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